Celaya, Gto., 18 de Enero del 2023.- El mundo del toro perdió a uno de sus más apasionados impulsores: Rodolfo “Chacho” Vázquez. Su pasión por la fiesta brava, la vivió al máximo dentro y fuera de los ruedos, lo llevó a disfrutar de la vida y estar siempre cercano a las tardes de toros, por todo el territorio mexicano.
Su generosidad, gran sentido el humor, trato afable con todos los que conocía, y su gusto extraordinario por la tauromaquia, lo pusieron en un lugar especial entre novilleros, matadores, empresarios, ganaderos, aficionados, pues entre todos los que forman parte de la fiesta. Hoy la tauromaquia llora su partida al campo eterno.
Aficionado de corazón y ganadero por convicción, el criador del toro bravo falleció ayer a los 75 años en Ciudad de México como consecuencia de una larga enfermedad degenerativa. Su hierro, conocido bajo su mismo nombre, ha atravesado diferentes plazas a lo largo de historia, pero por lo que pasará a la historia es por ser uno de los profesionales más queridos en el sector.
Luis Rodolfo Vázquez Padilla, mejor conocido como “Chacho” Vázquez, nació un 7 de diciembre de 1947. Siendo muy joven estrechó amistad con varios ganaderos de Tlaxcala, a cuyos campos iba a tentar por su gran gusto por los toros. Siempre tuvo el deseo de ser torero, se vistió de luces y toreó varias novilladas.
Fue inquieto y con gusto por el deporte, al grado de ser corredor con el equipo de fútbol americano de los Pumas de la UNAM. Su simpatía y don de gente que siempre tuvo, lo llevaron a construir lazos de amistad también en el deporte.
Se dedicó a la publicidad, actividad a la que destinó la mayor parte de su vida. Fue más de veinte años director para América de las revistas 6 Toros 6 y Campo Bravo, siempre ocupado por promocionar y engrandecer la fiesta brava.
Fue a finales de los años ochenta cuando decidió convertirse en ganadero, y tras adquirir el rancho “La Nave”, localizado en el municipio mexiquense de Polotitlán, ahí se llevó las 62 vacas y los dos sementales de Iturbe Hermanos (“Buscabullas”, número 14, y “Pilotero”, número 10), de origen Piedras Negras, que había adquirido a su íntimo amigo Gonzalo Iturbe.
Sus toros dieron grandes tardes. Pero sin duda en la memoria de quien lo conoció, queda vivo el recuerdo de su pasión desbordada por la fiesta brava.